Un viaje a Rusia. Día quinto

04-11-08

El día hoy se despierta perezoso y muy cansado. Algo que es imprescindible antes de marchar hacia la capital de la madre Rusia: visitar el museo de Dostoievski, un piso en el que vivió durante un tiempo. Primer intento fallido; el museo esta cerrado por la fiesta nacional rusa, que mas tarde en Moscú nos traerá otros quebraderos de cabeza. Es el último día y hay que aprovechar Sanpetesburgo al máximo: vamos al Hermitage,que se encuentra en el Palacio de Invierno. Es el Prado de Sanpetesburgo, uno de los museos más importantes de Rusia y que sin duda alberga una increíble colección de esculturas y pinturas. Por el camino normal nos habria llevado quince minutos, pero Nahuel armado con su camara se empeña en llevarnos caminando, serpenteando por las calles cercanas al río. Sanpetesburgo es una oda a la megalomanía.

Dos horas de espera para entrar; debido al dia nacional, la entrada es gratis y toda Rusia se agolpa a las elegantes puertas del monumental museo: esta plagado de gente hambrienta de cultura facil, sí, esos mismos que tardan cuatro horas en ver la mitad del museo porque se paran a posar con cada cuadro. Impresionismo francés, barroco español, renacimiento italiano, la antigüedad y un arte contemporaneo que no acabamos de encontrar. Los pasillos, laberínticos, forrados de tapices y las entretelas palaciegas permanecen cerradas para el público.

Exhaustos, llegamos a comer a la primera pizzeria que vemos y con ello la primera sorpresa del día: de repente la cartera de Sara ha desaparecido. Tras varios minutos de revolucionar el restaurante para buscarla sin que las camareras cambien el gesto de la cara – algo a medio camino entre el “no me importa que se te haya perdido la cartera” y el “no me importa que estes poniendo el bar patas arriba”- llegamos a la conclusión de que la han robado. Por suerte aun conserva el billete a Moscú. Y el pasaporte.

Salimos de ese horrible lugar para caminar lentamente por la Gran Vía de Sanpetesburgo. En uno de los túneles por los que se cruzan la calle, un “policía” para a Claudia la portuguesa. No se había dado cuenta de que habia sñales de “no fumar”. Le pide 1900 rublos o a la comisaría. No parece un verdadero policía, lleva zapatillas de deporte, un uniforme bastante dudoso y ni siquiera placa. Haciendo alarde de ello, le dice que tiene un precio especial para ella: 500 rublos. Claudia, para salir del apuro acepta y el policía saca los papeles de la “multa” de un kiosco en el que venden tabaco, chocolatinas y suvenires. La insta a que escriba un nombre y un número de pasaporte falsos , según él, para que no tenga problemas con la justicia rusa . Duele pagar 500 rublos a un policía corrupto, un timador, pero era la única solución si queríamos seguir con el viaje.

Paramos para tomar la última cerveza en Sanpetesburgo e intercambiar impresiones en forma de dibujos. Con el gesto de cansancio impreso en la cara llegamos a la conclusión de que los rusos son más bordes que los lituanos; que los lituanos son secos, pero majos y que sin embargo los rusos son maleducados y que cuando nacen los sellan para siempre con el ademán de la amargura. “Ahora pienso en volver a Kaunas y me parece como volver a casa” o “Cuando volvamos a Lituania nos volveremos a sentir en Europa” se oye.

La estación es un monumento al comunismo, un adelanto de todo lo que nos espera en Moscú; en el techo se muestra, Lenin liderando la revolución seguido de sus súbditos sobre un fondo que convierte la escena aún más grandiosa.

Después de atrincherarnos a cenar delante de los paneles, salimos corriendo en cuanto sale el número de nuestro tren. A primera vista, el tren parece de vapor; los vagones verdes y rojos llevan en los costados el sello de la hoz y el martillo y las ventanas son pequeñas y grisáceo ennegrecidas. Nos piden los pasaportes para entrar y esta vez por suerte no hay ningún problema con ellos. Todo está oscuro pero los asientos parecen de cuero, y parecen camas. Las primeras impresiones las vivimos como en una montaña rusa; resulta que los asientos no son asientos, sino camas, y hay cuatro por cada compartimento más dos taburetes en el mismo compartimento pero al otro lado del pasillo. Felicidad. Nahuel, Sara, Laura y yo nos acaparamos uno. Mierda. Los asientos parecen estar numerados. Los rusos nos arrebatan el compartimento que ya habíamos elegido. Nos “acomodamos” en las banquetas a la derecha, que tienen una especie de mesa en el medio y una estantería/cama encima de nuestras cabezas. El viaje va a ser muy triste si nos tenemos que pasar las doce horas mirando como duermen tranquilos los rusos desde nuestros taburetes. Desolación y pesimismo. Se hace la luz; Margherita se convierte en nuestro dios por un momento; llega a donde estamos y con su voz de italiana nos dice: “I am comming to give you the beds”. Comienza a desplegar artilugios de las paredes y a transformar los taburetes en camas; ahora todos tenemos algo donde dormir. Incluso sábanas, almohadas y algo a los podríamos llamar colchones, que no inspiran demasiada confianza, y menos las mantas.

A las ocho de la mañana nos despiertan el calor y la sinfonía de ronquidos procedente de un hombre mórbido y un joven que durmió toda la noche en la cama de cuarenta por uno cincuenta abrazado a su novia. A las once hemos despertado todos, picotazos incluidos. El tren lleva media hora parado en medio de la nada rusa. Hará otro par de descansos así antes de llegar a Moscú. Nos llega la noticia: Obama ha barrido. El baño es la visión más hostil que he visto últimamente, como el de Trainspotting. Un pequeño cubículo lleno de mugre y pisotadas marrones, incluso encima de la taza. No hay agua, pero un cubo/bacinilla cuelga de una de las paredes. En dos horas estaremos en Moscú.

s8004507Paradoja: es el día de la patria rusa, pero Obama, que a partir de hoy será el nuevo presidente de Estados Unidos aparece en los escaparates de los kioskos

n1494426940_89867_3404Nahuel, François, Sara y Marghe en la cola para el Hermitage

s8004526Detalle del Hermitage

s8004552Nahuel enseña su obra en el tren camino a Moscú


Anuncios

3 Responses to Un viaje a Rusia. Día quinto

  1. socioapatia dice:

    “I am comming to give you the beds”

    Eso no es “me estoy corriendo para daros las camas”

  2. Juan Paulus dice:

    jajaja que careto el de detrás 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: