De cumpleaños en los sesenta y otoños rojos

Octubre 6, 2008

Durante la noche del tres de octubre, la residencia dejó de ser la torre de Babel para convertirse en una especia de comuna hippie donde todos hablaban el idioma de los sesenta. Un recorrido por las calles de Londres, una cocina convertida en Abbey Road llena de frases sesenteras, algún mural psicodélico, guitarras, gafas de sol y pañuelos en la cabeza, Beatles y rockabilly en homenaje a la cumpleañera, que a punto estuvo de descubrir el pastel. En varias ocasiones.

Laura, la cumpleañera, acompañada de su mentora durante la ginkana descubriendo el pastel definitivo

Vincent Lennon y su guitarra Gloria con su flor Alus

La polaca compañera de Sara, el descubrimiento de la noche

La psicodelia, al fondo

La comuna

La más adorable de las recepcionistas, harta de tanta paz y tanto amor, volvió a soltarnos una retahila en lituano de la cual entendimos que teníamos que volar de ahí. Por lo que fuimos al bar de los modernos de Kaunas a dejarnos ver con semejantes pintas.

Margherita y Javi, que después de llegar del bar de los modernos durmieron en las escaleras con François, cinco minutos antes de partir hacia Trakai

Y si hace unas semanas dije que ya era invierno en la URSS, ahora resulta que es otoño, que como no podía ser de otra manera aquí, es rojo. Los árboles no tardaron más que una noche en quitarse el verde de las copas y vestirse de otoño y nosotros pudimos comprobar – aún aturdidos por el espíritu cumpleañero-sesentero de la noche anterior- su auge en un bosque-museo cerca de Trakai, la capital histórica, otro pueblo a las orillas de un lago con casas al estilo nórdico y un intento de castillo del siglo XVI construido como mucho hace cien años.


Riga

Septiembre 30, 2008

Mi libreta tuvo que soportar los siguiente comentarios abusurdos minuto a minuto durante el viaje a Riga

9.00 Están poniendo bamboleo y el aserejé en el autobús con destino Riga. La niebla empaña y engulle la carretara y los conductores lituanos se vuelven locos. Miro a la derecha: mi compañera de asiento, aún no he decidido si letonona o lituanona, lleva un perrete en el regazo.

10.38. El gremio autobusero está muy arraigado en Lituania. El perrete duerme.

11.18. Control policial. Estamos en Letonia y un señor vestido de imponente militar entra en el autobús a la voz de “pasports!”. El perrete sigue durmiendo aunque levanta la cabeza de vez en cuando y abre mucho los ojos.

11.24. La carretera está rodeada de bosque como en medio de la nada. En la cuneta derecha veo -fugazmente, el tiempo que tarda el autobús en dejarla atrás- a una mujer que mira fijamente a no se sabe donde. Lleva un pañuelo rojo en la cabeza, seguramente con algunos motivos florales verdes. Lleva un abrigo gris verdoso hasta las rodillas, uno de estos cuyo acolchado tiene forma de rombos, y deja vislumbrar un trozo de la falda azul tablada. Delante de ella, unos árboles de corteza blanca e interminable tronco, donde las hojas nacen allí donde sólo alcanza la vista de los lituanones, aunque la de la mujer seguro que no. Sin embargo, ella sigue allí imperturbable. El perrete está muy azorado y se sacude. Me acabo de acordar de que tengo alergia a los perros. Las orejas, puntiagudas, le caen hacia atrás, sobre la espalda, pero cuando estira mucho el cuello apuntan hacia el norte.

11.39. Rectifico; el gremio autobusero está muy arraigado en los países bálticos en general.

12. 14. Los conductores están locos también en Letonia. Por ahora, es de un verde diferente al de Lituania y algo más soleada. Las carreteras secundarias de este país, y en consecuencia, los botes que da este autobús soviético, no me van a dejar leer lo que escribo. El perrete es bastante feo, sigue durmiendo.

12.19. Sobrepasamos la frontera de Riga. Lo anuncian como Hollywood.

12.27. Vemos las orillas de la ciudad. Un enorme rótulo de Phillips nos da la bienvenida, pero en seguida nos sumergimos en otro barrio gris. En el horizonte miles de cúpulas de colores. ¡Hay tranvía!

16.04. Primera parada para comer, tras ciertas disputas hispano-germano-francesas. La ciudad de la luz nos recoge entre sus anchas avenidas llenas de iglesias recubiertas de arte a cada diez pasos. Una parte vieja semidesierta y laberíntica con algún que otro atractivo turístico, para desdicha del alemán, y una calle central, sede del consumismo y del turisteo. Riga suena a la melancolía rasposa del saxofón y a la nostálgica cadencia del acordeón. En el obelísco en una de las calles principales dos guardias se mantienen inmóviles, con sendas armas en las manos. Cargadas, “por si a algún iluminao anarquista se le cruzan los cables” (Sara dixit).

20.40. Parón para cenar después de dos mil y una vueltas por la ciudad, perdernos buscando el barrio Art Nouveau y encontrar uno con encanto soviético, encontrar el barrio en cuestión y “knock on heavens door”. Cada edificio tiene algo que contar, pasear por Riga contemplando sus edificios es como pasarse horas y horas buscando la ranita sobre la calavera de la universidad de Salamanca. Nos aprovisionamos de cerveza barata (Riga es bastante más caro que Kaunas) y vamos al parque a beber. Es ilegal, pero el alemán propone meter las cervezas en las bolsas. No se da cuenta de que cuando las escondes es aún más evidente que estás bebiendo alcohol. Volvemos al hostal y conocemos a un australiano que se ha tomado un año para salir de su isla y conocer el resto del mundo. Tiene el mismo acento que Claire la de Lost y cogió el vuelo Oceanic 815 para ir a nosédónde, como los de Lost. Abro una Carlsberg, veámos cómo se torna la noche.

13.23. Tren a Slokas, dirección al mar. Me temo que volveremos a vérnoslas con el báltico, que no es un mar de verdad. Anoche nos echaron del pub irlandés, donde Nahuel se dormía, estuvimos vislumbrando la fauna letona y por un momento volvimos a estar en pleno Sol en Madrid, obras incluidas. Bailes letones y mercadillos con productos típicos en la plaza principal. Hacinamiento en el tren y el ambiente viciado a algo que huele a pesadumbre y cansancio también. El tren fue seguramente construido a mitad de los setenta, principios de los ochenta como mucho. Preguntamos y nadie quiere decirnos si nos hemos pasado o no nuestra parada, Majori, pero unos minutos más tarde un alto edificio de tejados azules (verdes) nos da la bienvenida a otro atractivo turístico más, parecido a Nida, con sus casas con jardín, y sus habitantes de pega, que no son habitantes de verdad porque seguramente utilizan el pueblo nada más que como retiro de domingo. Reencuentro con el mar y abrazamos la pereza en la arena, nos quedamos dormidos. El tren de vuelta parece ir más rápido, hacemos una fugaz visita por lo que “nos falta ver” en la ciudad y volvemos al hostal. Llevamos sin saber nada del segundo alemán en todo el día, aparece cincuenta minutos antes de la partida de nuestro autobús. Los germanos se quedan.

22.37. Llevamos media hora en un autobús rodeados de polacos. Un tufillo a tabaco llega hasta la nariz del conductor, de repente, para el autobús en medio de la niebla de las carreteras letonas. Abre la puerta del cuarto de baño, y parece que saca al fumador en cuestión como el maestro que se lleva a un chiquillo de la oreja. Después de una imponente retahila en letón o polaco o lituano el chaval suelta cincuenta euros, el conductor vuelve a su asiento farfullando algo y alguien nos hace de traductor. Dice que si pilla a alguien más fumando lo saca del autobús. Nos imaginamos la situación: solos a las once de la noche en plena tundra letona. El autobusero mete los cincuenta euros en una caja, pero saca veinticinco y se los devuelve al chaval. Vuelve a su asiento, volvemos a volver a Kaunas. El francés se puso a ver Little Miss Sunshine en inglés con subtítulos en francés. Yo me dispongo a matar esta verborrea mental del viaje relámpago a Riga. Mundo ha estado a punto de perder la vida varias veces. Aún sin poder respirar su sal, el Báltico nos ha envuelto en una ciudad simple e imponente a su vez. Con una belleza fácil de encontrar, pero difícil de deshacerse de ella. Una ciudad en la que ir con la cabeza bien alta y la mirada siempre apuntando al norte para no perderse detalle de todo lo que esconden las fachadas de los edificios y el otoño amarillento, pero alternando con la cabeza gacha, para no descuidar el constante empedrado rojo y gris.


Laaaaaabas

Septiembre 24, 2008

“Hola” en todas sus variantes idiomáticas quizás sea la palabra más dicha en todo el mundo. No me baso en ningún estudio científico para hacer esta afirmación, pero para constatar que los lituanos lo dicen con más énfasis que en el resto del mundo me han bastado sólo un par de semanas. Puede que sean secos y algo rancios, incluso maleducados a veces, pero no hay duda de que se convierten en las personas más felices al saludar. Laaaaaabas, dicen, poniéndo especial énfasis en las aes.

Con ese entusiasmo fue, pues, cómo di yo la bienvenida a mi erasmus el día 16 a las 12.30 de la mañana, tras salir del fatídico examen de economía, que por cierto, aprobé con un mísero cinco. Pero aprobé. Tras eso, una kitchen party con kalimotxo y juegos de beber de por medio, y un fin de semana cerca del báltico, que no es un mar de verdad, porque no huele a sal.

El autobús nos esperaba a las diez, ni un minuto más, ni un minuto menos, delante de la residencia, para llevarnos en un viaje de cuatro horas -amenizado con clases de turco avanzado en modo canción del verano- al enclave lituano junto al mar, Klaipeda. No mucho más bonita que Kaunas, con sus edificios soviéticos y algún que otro guiños a occidente, aunque también pasado por el colador soviético, dando como resultado infinitas moles de hierro y cemento con cierto aire moderno. Sus pequeñas casitas a los dos lados de la carretera, como siempre de colorines, y con la ropa tendida en el exterior. Una parte vieja con sus calles más amplias, y sus plazas llenas de mercadillos de ambar, aunque no se sabe si milenario. Tras la visita relámpago a la ciudad, vuelta al autobús, topándonos por el camino con la universidad, distinto a todo lo que habíamos visto en lituania, y con pretensiones victorianas.

Marchamos de Klaipeda en ferri para llegar a la isla donde dormiríamos, el destino turístico de lituania, por sus minúsculos pueblos cuadriculados llenos de casas para cuya construcción, los lituanos se dedicaron a imitar a sus vecinos nórdicos. Pueblos tan ordenados y tan pulcros, que resultaban tétricos, como el pueblo de Eduardo manos tijeras, que, lleno de casitas color pastel ordenadas en largas filas inspiraba terror más que tranquilidad.

Y para terror el que pasamos atravesando el bosque a tientas, a oscuras, sin más pistas que alguna débil luz de algún móvil y las voces de nuestros amigos erasmus emocionadas por llegar de una vez al mar. Una vez allí, más de lo mismo, oscuridad y el ruido de las olas a como único indicador de que habíamos llegado a la playa, porque como ya dije, el báltico que no es un mar de verdad, no huele a sal. Aunque sí un poco a melancolía.

Tras los delirios etílicos, la mañana siguiente nos esperaba rumbo a la frontera con Rusia, al norte pegada del mar, justo después de peregrinar por enormes dunas de arena inimaginables para nosotros en Lituania hasta ese momento. Las mismas dunas que nos incitaron por un momento a simular la carrera del queso que se juega en Inglaterra, aunque rebozándonos en arena y no en hierba, y además sin queso.

Las dunas

La llegada a la cima

La carrera de los quesos, véase mi pose de velocidad en la parte inferior izquierda de la foto

La última parada fue en Nida, escondido detrás de un bosque, lleno de espigones y pequeñas barquitas atracadas en los puertos, veletas, viento y una vez más casitas con anchísimos y larguísimos tejados. Otro atractivo turístico, aunque con increiblemente encantador.

El bosque antes de Nida

La soporífera a Kaunas, con episodios sonánbulos, nos dejó rendidos y atrincherados en el pasillo, con un pie en la cama, y otro tirándo de nosotros para montar otra kitchen party. Al final ganó la cama. Y así hasta hoy, con alguna que otra room party, un cumpleaños de un francés bretón con su correspondiente sorpresa y fiesta internacional, y un examen de lituano, en el cual, ante la duda y el cansancio, lo único que acertamos a decir más o menos bien fue un efusivo “laaaaaaabas”.


Ya es invierno en la URSS

Septiembre 13, 2008

A la mayor ola de calor registrada en el báltico en los últimos tiempos, prosiguió el gran diluvio universal y alrededor de 6 grados (sobre cero, al menos). Tras cumplir aquí nuestra segunda semana, podemos estar contentos de que nuestro plan de convalidaciones ya esté en España y sobre todo en (maldita) la ORI y nuestra conclusión es que si hablas lituano a los lituanos son majos, si hablas inglés no. El martes, a eso de las 12 o las 13 comienza mi erasmus de verdad. Aviso, necesito una kitchen party.


Sovietismo en vena

Septiembre 8, 2008

Esta mañana después de atender las clases de inglés en las que nos han enseñado que después de decir “nice to meet you” hay que decir “nice to meet you too”, hemos ido a la que pensábamos que sería nuestra redentora lituana, Jurgita, nuestro único contacto con el báltico antes de llegar aquí. Hemos descubierto que no es tan maja como parecía en los emails, y que ni siquiera es una señorona oronda con mofletes rojísimos, sino que más bien es una chica joven un poco rancia, aunque ya podría aprender la ORI (maldita la ori en la que te conocí) de su eficiencia. Después, una de nuestras compañeras polacas, en la que bien se podría inspirar Isabel Coixet para uno de sus personajes, aceptó nuestra invitación de venir a comer con nosotros. Ella decidía el lugar, porque al parecer conocía algo más barato para comer bien y cerca.

Nos guió hacia un edificio antiguo, al comienzo de la calle principal, que contrasta con el resto de tiendas y terrazas que lo siguen. Se respiraba un ambiente lúgubre, entre el beis y el gris, y el supuesto restaurante se encontraba en el piso de arriba, al que conducían unas escaleras por las que descendía el olor a comida recién hecha, una tanto nauseabundo, para qué engañarnos. Mientras, nuestra amiga polaca exhalaba un suspiro de complacencia por la comida que le servirían.

Estaba en penumbra, una fregadera nos daba la bienvenida a la entrada y en el interior, cuatro mesas mal puestas al lado de una especie de bufé libre. Sonaba música de acordeón de fondo, y una fila de unas diez personas, todas lánguidas, esperaban a que una enorme señora con un gorro grasiento y la cara colorada les serviese cucharones de algo que parecía sopa con una generosa capa de aceite en la superficie. Las paredes mohosas, las cazuelas viejas y oxidadas y sucias de goterones de caldo reseco y las enormes fuentes llenas de col y patata nos llevaron a pensar que aquello era una casa de la beneficencia. Puede una reliquia aún en pie de la era soviética. Y nosotros y todo nuestro pijismo occidental salimos espantados de ese lugar, en el que la cuenta, suponemos, debería pedirse cartilla de racionamiento en mano.

Ahora nos sentimos las peores personas del mundo.


This is my Kaunas xcuse

Septiembre 6, 2008

Una inmensa catedral blanca símbolo del eclecticismo enfrentada a un infinito bloque gris soviético con incontables ventanucos negros puede ser la imagen que mejor describa Kaunas. Todo ello rodeado de casitas que llegan hasta donde no lo hace la vista, todas ellas con las fachadas desconchadas pero coloridas. La calle principal llena de árboles, tiendas y fuentes, al estilo occidental desemboca en más callejuelas estrechas y austeras llenas simplemente de gatos, algún que otro solitario y paredes revestidas de historia. Estas a su vez, desembocan en lo que viene a ser el epicentro del capitalismo en Kaunas, el Akropolis, un imponente centro comercial laberíntico donde incluso Inditex tiene su sede lituana.

El constante contraste también está presente en las gentes que caminan por la ciudad, los más viejos con su pasado soviético a cuestas, y los más jóvenes triunfantes de poder vivir en uno de los países con mayor crecimiento económico, pero ninguno de los dos haciendo alarde de un carácter demasiado simpático. En sus entrañas, el lituano parece encerrar una mezcla de ruso y algo del latín y fluye como de si una bandada de pájaros gritando se tratara. Imposible hablar inglés, por ejemplo, en una frutería, y ni siquiera en la recepción de la residencia, donde a la amable señora de las llaves siempre hay que decir simplemente que sí -”teip, teip, teip”- porque no habla una palabra de inglés y nosotros, nada entendible en lituano. Ni siquiera en el acto de presentación del curso de la universidad, donde las únicas palabras en inglés fueron tres: Welcome erasmus estudents.

Los jóvenes lituanos aparcan su fachada de carácter agrio en casa para ensayar escenas dantescas en los bares, cuanto menos surrealistas, y cuanto menos graciosas. Robertas, el simpático amante de los extranjeros, nos pudo enseñar la primera noche que tras la fachada gélida, los lituanos se esconden la hospitalidad, pero la tienen, tal vez en el mismo sitio donde él se guardaba una botella de vodka que se bebió de un trago, y rematando la jugada con una frase digna de recordar para contar a los nietos: “No intentéis hacer esto, no sois de Europa del Este”.

Además, las calles están empedradas, hay obras en todas partes y hasta ahora sólo un ascensor de los que hemos conocido funciona. Las señoras mayores son inmunes al frío y colocan sus puestos de frutas y verduras en las calles, la mayoría de la gente va en bicicleta y Penelope Cruz está en todos los carteles habidos y por haber de Lituania. El animal más tipico de aquí es la avispa y el tiempo no es tan frío. Además, los residentes lituanos roban frigoríficos a los erasmus mientras ellos duermen y sus compañeras turcas, aun estando despiertas, no hacen nada por evitarlo. Al anochecer una incontable bandada de cuervos – que seguro en su día inspiró alguna leyenda lituana- es la encargada de esconder el sol, y teñir el cielo de negro.


Caballos? Que hay caballos?

Julio 18, 2008

Por petición expresa de mi incondicional lectora de Frases para la Posteridad, que según las estadísticas del blog -sin altibajos, por cierto- lee la página una media de dos o tres veces al día, he decidido actualizarla con las idas de olla etc. del curso 07/08. Esta vez no son tantas como el año anterior; tal vez sea porque no he estado dando tanto la pesadez como el año pasado con la agenda, bueno, seguro que es por eso, y no porque en un año – léase con voz refinada y un tanto pedante- hayamos madurado y ahora nuesra forma de expresarnos sea en todo momento la adecuada.

El título responde a una de las más grandes frases para la posteridad de este curso, que no he recogido en la recopilación de este año, pero que me dispongo a relatar.

Fin de los exámenes de febrero. Habitación 348. Todas tiradas en la cama de Sara, rendidas, pidiendo a Mundo que nos hiciese un hueco. Alguien llega y dice que en la terraza están armando mucho jaleo, que se nota que han terminado los exámenes. Que parece que haya caballos. Acto seguido, Analú entre asustada y emocionada se pone a gritar: Caballos? Que hay caballos?

En fin, conformaos con esto mientras sigo rumiando temas para actualizar el blog decentemente.


La paranoia es ley en Myanmar

Mayo 23, 2008

Como cuando en Macondo comenzó la insaciable lluvia y no cesó en cuatro años, el aguacero cayó con la misma intensidad pero en apenas pocos días, esta vez sin mariposas amarillas ni gitanos redentores.
Antes de ver los cimientos de la casa ahogados en el lodo, antes incluso de ver a los niños acarrear enormes cubos de agua turbia, con los pies de plomo en el barrizal, alguien arrancó la puerta de las visagras, invadiéndome y alentando aún más mi confusión. Llevaba traje, lo recuerdo bien, no llevaba armas y hacía alarde de una severidad casi militar. Maniatado y amordazado, me relegó al último rincón del sótano, justo después de arrancarme los ojos para que a partir de entonces no pudiera ver lo que realmente sucedería, y para que cuando me viesen no supieran a donde mirar.
Mudo y ciego, quedé condenado al tormento de escuchar el llanto de mi pueblo despojado del último resquicio de vida. ¿Acaso nadie iba a acudir en su ayuda? Al otro lado de la puerta mi verdugo lidiaba su lucha consigo mismo, sin dejar de hablar de un tal Nargis e incluyendo rotundas negativas tras el nombre, lo que me dejaba vislumbrar que jamás me liberaría de mi soga bien tensa al rededor del cuello. Cuando el señor trajeado se rindió llegaron por fin ellos. Ya no había nada más que salvar a parte del horror de la tragedia.

La Croaca, martes 22 de mayo de 2008
taosalamandra

(copio y pego de anfibioticos y mato dos pájaros de un tiro: hago publicidad y actualizo)


Anfibióticos

Mayo 20, 2008

Podría inventarme una historia, transgredir la realidad. Podría imaginar que un enorme, un gigantesco tanque de fármacos tóxicos y otras sustancias nocivas se derramaron en la charca más pulcra sobre la faz, o quién sabe, manto de la tierra. Que los tritones, salamandras, sapos y renacuajos, se vieron obligados a emigrar. Proponer cien mil formas de gobierno y acabar a lenguetazo limpio. Podría decir que del lodo surgió por fin el manifiesto.

Pero sólo os contaré el final: el niño nos salió rana.

Compruébenlo con sus propios ojos (y de paso entérense de qué va esta entrada)


Fobofobia

Mayo 14, 2008

Asco, grima, repelús, repulsión, rechazo…son sentimientos normales que se pueden tener hacia la lista de cosas a continuación. Pero tenerles miedo, fobia, es más serio. La siguiente ennumeración es una selección extraida del diccionario de fobias, del que he sacado las que me parecen más estúpidas, ridículas, sinsentido o simplemente graciosas, y que he decidido bautizar como “Hilarante diccionario de fobias absurdas”, tan absurdas como los comentarios que añadí a algunas de ellas.

Ablutofobia: Miedo a bañarse o lavarse.

De los ablutofóbicos deriva la existencia de los agorafóbicos

Acarofobia: Miedo a los ácaros y a otros parásitos.

Y con esta alergia que nos trae la primavera, oiga!

Acerbofobia, acerofobia: Miedo a la acidez.

La culpa de esto la tiene trina, por hacer tantos anuncios con cítricos rodando por las calles.

Aeronausifobia: Miedo a vomitar.

Agirofobia: Miedo a cruzar la calle.

Yo es que no me saco el carnet por deferencia a los agirofóbicos

Anablefobia: Miedo de mirar hacia arriba.

Anglofobia: Miedo o aversión a Inglaterra, a los ingleses, o a cualquier cosa inglesa.

Es que la hora del té da muy mal rollo, sí.

Araquibutirofobia: Miedo o angustia a que la mantequilla de maní, o una sustancia parecida, se pegue en el paladar. Si acaban superando su fobia, los araquibutirofóbicos acaban desarrollando el miedo a vomitar

Asimetrofobia: Miedo de las cosas asimétricas.

Jamás verás a estos en un museo vanguardista

Aulofobia: Miedo a las flautas.

Esos peligrosos objetos puntiagudos…

Barofobia: Miedo a la gravedad terrestre.

Floting rules!

Bromidrosifobia: Miedo a desprender mal olor corporal.

Esto es de lo que carecen los que padecen la primera fobia

Chaetofobia: Miedo al pelo.

Se dice que la melena engullepersonas acecha las calles cuando hay luna llena.

Coprofobia: Miedo a los excrementos.

Para eso están los coprófagos, para ahorrar penas a los coprófobos

Eclesiofobia, ecclesiofobia: Miedo a la Iglesia.

Normal

Estasofobia: Miedo a estar parado.

Estos también suelen sufrir problemas de insomnio

Fagofobia: Miedo a tragar cosas.

Normalmente mueren de hambre a las dos semanas

Filosofobia: Miedo a la filosofía.

Gracias, Nietzsche

Fobofobia: Miedo a temer.

Los fobófobos reunen todas las fobias del mundo y acaban sufriendo importantes problemas de angustia.

Genufobia: Miedo a las rodillas.

Ni a los tobillos ni a los codos, a las rodillas.

Helenologofobia: Miedo a los términos griegos.

Pobres helenologofóbicos, jamás podrán asumir su problema

Hidrofobia: Miedo al agua; a ahogarse; a nadar e Hidrofobofobia: a la hidrofobia.

Yo propongo la hidrofobofobofobia

Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: Miedo a la pronunciación de palabras largas.

Esta es la estrella del repertorio, quienes sufran este miedo jamás podrán contárselo a los demás

Kifofobia: Miedo a inclinarse.

Directamente relacionada con la genufobia

Levofobia: Miedo a las cosas del lado izquierdo del cuerpo.

Pobres levófobos zurdos

Mageirocofobia: Miedo a cocinar.

La cebolla es un alimento cruel

Medortofobia: Miedo a un pene erguido.

En fin…

Menofobia: Miedo a la menstruación.

Cuánto daño hicieron los anuncios de evax

Oclofobia: Miedo a la mafia, a los gángsters.

Coppola es el responsable de esto

Ostraconofobia: Miedo a los crustáceos.

Hombre, feos son pero tanto…

Tecnofobia: Miedo a los adelantos tecnológicos.

La cuna de esta fobia está en la secta de los amish

Urofobia: Miedo a la orina.

Los urófobos acaban teniendo problemas renales, y parkinson de aguantarse el pipi