“H&M colabora con cerca de 700 proveedores que, en muchos casos, tienen subcontratas. En total, unas 2.000 unidades de producción y más de 700.000 personas participan en la producción de nuestros productos.
La elección de nuestros países de producción plantea elevadas exigencias. Somos conscientes del riesgo de violación de los derechos humanos y del posible incumplimiento de la legislación laboral y de los estándares laborales vigentes en cada país. No obstante, estamos convencidos de que podemos contribuir a la mejora de las condiciones laborales de los cientos de miles de personas que fabrican nuestros productos.”
El caso es que la cadena de ropa vivió su etapa oscura a mediados de los noventa, cuando distintas ONGs, asociaciones de trabajadores e investigaciones periodísticas la acusaron y demostraron que ejercía una dura explotación sobre sus subcontratas: en los talleres que tenían en el sureste asíatico los niños trabajaban noche y día y sin apenas descanso para tejer prendas cobrando 2 céntimos de dólar por cada una de ellas.
Es evidente que el comunicado entrecomillado es una estrategia para lavar su imagen después de aquel episodio. Cuando el caso salió a la luz pusieron en marcha un Código de Conducta que todos los trabajadores tendrían que aceptar y en el cual decía que ningún menor sería aceptado en su plantilla y que además se facilitarían condiciones de higiene, laborales y de seguridad adecuadas. O lo que es lo mismo, se aferraron al “dentro de lo malo somos menos malos”, es decir, que siguen explotando a sus subcontratas y lo dicen claramente en su web, desquitándose de culpas y añadiendo que “intentan luchar en contra de ello”.
Creo que a estas alturas nada de esto es nuevo para nadie; las grandes multinacionales – y también las empresas que no lo son – distribuyen su producción en distintos países en los que puedan conseguir mano de obra a cambio de un módico, ridículo precio. Pero ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Todo esto viene al cuento de que lo que leí en la web de H&M esta mañana, me recordó al fragmento del libro Next (Alessandro Baricco) en el que el autor cuenta que somos conscientes de este asunto y que nos enfurecemos al pensar en las atrocidades que cometen las empresas, pero que al fin y al cabo nadie tiene reparos en pagar 60 euros por un jersey, cuando sabe que ha costado 1 producirlo.
En fin…y vosotros ¿qué pensáis?
Escrito por Mary 

