Este año he sido una niña “muy buena” y os lo voy a demostrar pidiéndoos algo no material: que, por una año, digais la verdad. Vuestra farsa se remonta hace 2008 años, cuando el niño Jesús estaba borracho de ese vino que le dan en todos los villancicos y sus “padres” le hicieron creer que esos cutreregalos se los habíais llevado vosotros. (y digo yo que qué tonto el niño que pudo nacer de la nada pero va y no se da cuenta de que los reyes son los padres).
No sé si os habéis parado a pensar que la bromita después de dos milenios no tiene gracia, que los niños cada vez vienen más avispados (por qué creeis que cada año piden cosas más caras) y más repelentosos y se pasan los días previos preguntando “mamá, mamá, ¿y por qué los reyes magos de Oriente (y ahora que escribo Oriente me doy cuenta de por qué no pasáis por EEUU) viniendo de tan lejos como está Oriente llegan a todas las casas? ¿Es que utilizan el teletrasportador de partículas atómicas que me pido todos los años y nunca me traen?
Y es que lo vuestro es como para que los críos se mosqueen. ¿qué es eso de dar vueltas por las calles en caballo y no camello? ¿qué es eso de lujosas carrozas para la cabalgata si luego no tuvisteis dinero suficiente para comprarle un regalo decente al niño jesús? Y sobre todo, ¿qué es eso de pintar a Baltasar de negro, si la pintura se le va a borrar en media hora? Todo esto me indica que al menos os habéis dado cuenta de que los niños sólo van a veros por los caramelos.
Lo más sorprendente de todo es que aún la gente os tiene en consideración y todos los años, la noche del cinco al seis sigue haciendo el mismo paripé: os dejan las ventanas abiertas para que podáis entrar con facilidad -y para que, de paso, a los críos les de una hipotermia- os dejan los zapatitos recién limpios debajo del árbol para que depositéis ahí los regalos (pero a ver, niño, si te has pedido el coche teledirigido a tamaño real…) y lo más importante de todo el ritual: dejan tres polvorones -para sus majestades-y tres vasitos de leche -para los camellos- y tres nada para los tres pajes (o sea, que me metéis los camellos en casa ¿y los pajes? ¿qué pasa con los pajes?). Los padres siguen pensando que es muy bonito ver a sus hijos ilusionados porque “los reyes han dejado miguitas de polvorón y los camellos se han bebido toda la leche”. Lo que ellos -los padres- no saben, es que realmente sus hijos los han grabado por la noche mientras hacían el capullo y que el vídeo ya está colgado en Youtube.
Pero sin duda, la gilipollez más grande de vuestro día es: El Roscón (os hacía falta un poco de merchandising eh? piltrafillas). Sí, ese dulce que acaba de rematar esos kilitos que hemos cogido durante el resto de las navidades, y que contiene la incognita más esperada de vuestro día: el bicho (alguien sabe cómo se llama realmente?). Todo el mundo espera impaciente a ver a quién le sale el bicho, que se mantiene escondido envuelto en nata y crema, por lo que todo el mundo que mientras corta se encuentra con algo duro, corta por otro sitio, por lo que no tiene gracia. Hasta que la abuela un día se atragante y hala, tomad regalo de reyes.
Todo eso, queridos reyes majos. Todo eso y que este año, por una vez, os estrugéis un poco más los sesos y no me traigáis otro pijama, que si me pongo todos los que tengo acumulados de años anteriores no correré el peligro de coger una neumonía esta noche cuando os deja la ventana abierta.
Escrito por Mary 

