El viento no amainaba y no paraba de hacer golpear las persianas, que chirriaban contra el cristal. Los ruidos -golpes secos- que provenían del piso de arriba tampoco querían que durmieses, y preferías pensar que los provocaba alguna puerta mal cerrada, y no lo que realmente te parecía; el vecino de arriba -sí, el cocinero- arremetiendo con sus cuchillos contra la familia, con tal destreza que ni siquiera hacía falta despertarlos de su apacible sueño. Tú sin embargo estabas realmente atemorizado por el intrigante e implacable tic-tac, que aún por la mañana continuaría atormentándote, invadiendo tu calma y destrozándola durante el resto de horas que te quedan.
*esto es lo que pasa cuando te despiertas a las tres de la mañana y el viento silba en la calle.



Enero 4, 2008 a las 12:01 am |
Muy ingenioso lo del cocinero, será eso de acabar de despertarse que trae las mejores ideas aveces…Dulces sueños
Enero 4, 2008 a las 11:01 am |
Ay mi amigo el carnicero. Me cae bien la gente que se lleva el trabajo a casa