No te importaba dejar de hacer otras cosas para bajar al banco de la calle que hace esquina. Comprabas el periódico, estando aún la tinta caliente, y te sentabas a esperar a las 8.53. Sabías que esa era la hora justa en la que pasaba él. No era especialmente guapo, ni tampoco rebosaba simpatía. No lo conocías. Pero se trataba de una de esas personas que aún sin mediar palabra, cautiva. Tal vez fuera la pose, o su timidez indiferente, pero sin duda irradiaba luz, una luz que te envolvía irremediablemente. Y ya estabas perdida
Lo que nunca pudiste pensar fue que algún día se acercaría a ti. Tú saboreabas a desgana el pimer pitillo del día y él se limitó a sacar la mano del bolsillo para indicarte que necesitaba fuego. Ni una sonrisa de por medio, pero la escena comenzó a repetirse cada mañana a las 8.53.
Una mañana te escondiste tras la esquina, y dejaste el periódico y el mechero en el banco a la misma hora de siempre, haciendo un guiño a la complicidad que comenzabais a compartir. Aguardaste impaciente a escuchar el chasquido del mechero. Un parpadeo después los tenías delante, a él y a su luz, sonrientes.
Jamás habrías llegado a imaginar que con él vivirías los meses que vendrían después. Que descubrirías que la complicidad es el sentimiento más puro que dos personas pueden compartir; pero que también es perecedera, y que puede quedar enterrada -aunque trates de aferrarte a ella- bajo mil hojas secas y tierra sucia. Un día el reloj se quedó atascado a las 8.52 y él no volvió a pasar jamás; no hubo un porqué, no dijo adiós. Aquella luz que te había arropado durante meses se deshizo.
Aquella tarde volvió a tu casa de imprevisto y con el perdón en la boca, pero aunque vio las maletas a medio hacer y las paredes vacías -vacías de recuerdos que te hacían pensar en él- no supo leerte la tristeza y el abandono en la mirada, y tú supiste que no lo volverías a ver. No a él, sino al cobijo de su luz.
01/01/08
*no preguntéis por qué, esta mañana (resacosa) me desperté con la primera frase del relato en la cabeza, y ya que me prometí retomar esto en 2008, decidí que tenía que darle forma.
Escrito por Mary 

